Los aromas del Camino

A continuación vamos a hacer un camino de Santiago muy especial, comenzaremos en Santiago de Compostela y finalizaremos es Fuentesaúco, pero con una curiosidad solo vamos a hablar de aromas, los aromas del camino.

Así salimos de Santiago de Compostela con su intenso y húmedo olor a piedra viva, piedra vieja con raíces profundas donde nacen las plantas; Santiago viejo,  aroma a langostas, pulpos y bogavantes vivos en la calle del Franco; olor a sudor corporal del peregrino en la plaza del Obradoiro mezclado con el aroma a añejo de la catedral, olor a incienso quemado por la curia, olor a gaitas,  meigas y queimadas; pero sobre todo aroma a calle mojada, húmeda,  pero de artística y poética humedad.

Salimos de Santiago por la carretera de Orense y a 35 Km. nos encontramos con Silleda, con su peculiar olor a verde, verde de semana verde, verde de prados, de carballos, de eucaliptos, verde de Galicia.

Siguiendo por esa carretera llegamos a Lalín;  ya en la provincia de Pontevedra.  Allí el aroma es a embutido, también a vieja montaña, a ganado suelto y a flores silvestres.

Un poco mas adelante nos encontramos en Cea. Hambre da pasar por allí, abrir la ventanilla y oler ese pan recién hecho. El mejor pan de Galicia;  por consiguiente, unos de los mejores panes de España;  dan ganas de quedarse para siempre allí.

Ourense, Orense por fin. A cien Km de la salida de Santiago olemos Orense: Aroma a Miño con aguas de Sil, aroma a fuentes termales, a puentes de piedra, a niebla húmeda, a lluvia fina y a calor sofocante.

Salimos de Orense por la carretera de Madrid, enseguida llega Allariz; olor a balneario, a curas de barro, a alta temperatura, a humo y como no, a arte románico.

Olor a patatas tenemos en Xinzo de Limia, a grandes extensiones de campos modernos, buscando la rentabilidad y el cuidado a la naturaleza a la vez. Olor a pueblo.

Verín, aroma a emigrante,  a llanura entre montes, a Portugal tan cerca; efluvio de brezos y romero; olor a gran pueblo diezmado por la emigración masiva.

Olemos de pasada el ultimo pueblo de Galicia, La Gudiña. Así dejamos atrás los intensos, contrastados  y ricos aromas gallegos;  perfúmenes de nostálgica morriña verde, olores a negras nubes y tierra mojada; también un hedor a viejo y prepotente Fraga

Llegamos a tierras Leonesas de Zamora entrando por la portela de  La Canda, suave puertecillo lleno de fragancia a vieja montaña. Más fuerte es la subida a Padornelo, con su característico olor a pueblecillos de tejados de pizarra en medio de la montaña: el mismo Padornelo, Lubian, Hermisende..., aroma a bueyes tirando de carros llenos de heno.

Hacemos un alto en Sanabria, aquí se respira una esencia a naturaleza, a alta montaña, a agua limpia y gélida;  huele a paisaje sin igual, a truchas del Tera, a Castillos, a habas, a embalses.

Seguimos camino y abrimos la ventanilla en Monbuey, donde un bálsamo a jara y ganado bovino nos dice la buena carne que se tiene que paladear en esa comarca.

Nos desviamos de la autovía para coger la nacional 631 que nos lleva a Zamora. El primer olor que nos llega es a agua, azul agua de pantano frío, embalse de Valparaíso. A la derecha podemos contemplar el comienzo de la sierra de la Culebra, siguiendo unos kilómetros nos encontramos en Ferreras de Abajo, aquí hacemos una pequeña parada ¿sabéis por que? porque huele a Fuentesaúco, a trabajadores que salían de la plaza a las seis de la mañana para llegar aquí a las nueve y estar de regreso a las nueve de la noche, huele a jornadas completas de autobús, a obreros saúcanos que se dejaban la piel bajando trozas, haciendo cortafuegos, plantando pinos... .

Continuamos viaje pasando por Tábara, Pozuelo de la misma, olores a cigüeñas. Cruzamos el embalse de Ricobayo en ese punto hay que respirar profundamente por que seguramente que sea la fragancia más rica de todo el viaje, es una mezcla de encinar, jara, romero, tomillo y agua: Una rica salsa de aromas Zamoranos.

Siguiendo por la nacional 630 nos encontramos de cara con Zamora. Fragancia especial tiene esta ciudad esplendorosa en otros tiempos y tan decadente ahora; Ocellum Durii (Ojitos del Duero) que con tan buen gusto la bautizaron estos locos Romanos. Olores vienen a reinas, a cortes y a traiciones, a semana santas épicas y a románicas iglesias, al gran Duero. Si él hablara... .

Ahora Zamora no huele; apesta, tufa a política barata, a ladronzuelos de guante blanco, a justicia corrompida; hay una gran fetidez a enchufes,  aprovechados y tiralevitas que contamina toda la ciudad, por eso que nos vamos de ella a toda velocidad.

Cruzamos el Duero  y cogemos la C-605 al poco de enfilarla nos llega una peste a animal muerto del matadero industrial. Después de esto ya todo son buenos aromas. Pasamos por Arcenillas, Casaseca, Gema, El Piñero, Argujillo y al fin llegamos a Fuentesaúco.

Para los Saucanos, como es lógico,  Fuentesaúco tiene un olor especial.  Y según que estación del año y que lugar del pueblo, distintos son los aromas a disfrutar:

 Invierno.- De día huele a densa niebla húmeda, de noche a gélida e insoportable helada; suele venir una fragancia a chorizos recién hechos, colgados de varales para su curación; a charcos llenos de carámbano y campos blancos del hielo; a calles desiertas de vida, y reguilos en los tejados.

Primavera.- A océanos de trigo verde huele la primavera, a ocre de los barbechos, a gente en la esparraguera, a la virgen de La Antigua, comuniones y verbenas, a flores en las cunetas, paseos por los caminos, niños pegando gritos saliendo de las escuelas y a cosas que no recuerdas cuando hace tanto tiempo que faltas en primavera.

Verano.- A cuerno de toro bravo y a cascos de caballo veloz,  mezclado con polvo de arena fina, huele la Visitación. A muchedumbre de fiesta, a vaquilla y revolcón, a ferias en Santa Maria, a buen tinto con limón. Tiene el verano un aroma a era, trilla y parvón. A vencejos y golondrinas hasta que se pone el Sol. Animación a raudales trae el estío saucano:  muchos hijos del pueblo emigrados a otros lares regresan en vacaciones a ver a sus familiares. Es Agosto con calor el que trae animación: parques, piscinas y calles,  niños llevan a raudales. De noche en las terrazas una brisa fresca pasa,  los paisanos y paisanas llenan mesas en las plazas. La gente joven, en cambio, de bodegas a papatos,  pasean sus calimotxos de un lado para otro. Y ese es el transcurrir del verano saucano, con mucho es la estación de mas vida y más calor.

Otoño.- Nostálgico olor nos trae el otoño saucano. Rancio aroma a soledad, a vacío sombrío de hojas caídas de árboles sin savia, cielos nubosos y ocres horizontes. Recuerdos viendo caer la lluvia tras los cristales, bálsamo de tranquilidad. Fragancia de la vendimia, de la uva y del lagar. Es hora de hacer el vino para luego disfrutar.

Y como en todos los sitios, algo tiene que apestar, por que marranos tenemos,  por lo tanto es normal y a quien le gusta la mierda sobre ella dormirá.

 

                  

                                                                   

De Santiago                           a                           Fuentesaúco

 

 

 

 

Paco Medina©