
A la memoria de Albertina y Miguel Ángel, la belleza y la inteligencia de la quinta del 65; porque fueron nuestros amigos, por eso estuvieron, están y estarán siempre en nuestros corazones y en nuestra memoria.
Todo comenzó una primavera del año 1964, cuando un matrimonio decidió tener un Pablito nuevo. Fue él quien rompió el hielo. De allá a nuestros días ha llovido mucho sobre nuestras cabezas, a veces agua clara, otras turbias, pero hemos aguantado el chaparrón. Y aquí estamos, de ello da fe la reunión-cena que tuvimos el 14 de agosto de 2005, donde un grupo de amigos/as y a la vez quintos/as decidimos reunirnos y recordar cosas de nuestro pasado en común, como no, en Fuentesaúco. También hay que decir que a ella faltó gente, que por diversos motivos no pudo venir al pueblo en esa fecha, otros estaban en el pueblo pero no vieron oportuno participar en el encuentro. Ellos se lo perdieron, porque pocas oportunidades tendrán de volver a encontrarse con la mayoría de sus quintos. Curioso es el caso de una chica nacida en 1965 que dice tener algunos años menos de 40, ¿será que se habrá quedado dormida algún lustro hasta que llegó su príncipe azul y le dio la manzana de la vida?
Bueno, vamos a tratar de relatar lo que hicimos en el encuentro de la quinta del 65. Quedamos para encontrarnos en la puerta de la Ermita Virgen de la Antigua, los primeros minutos estuvieron dedicados a efusivos saludos, no en vano hacía 20 años que algunos de los allí presentes no se veían, es más, alguno que otro inicialmente ni se le conocía. Seguidamente subimos hasta el cementerio municipal a poner unos ramos de flores a los citados y queridos amigos Albertina y Miguel Ángel, que por unos instantes nos hicieron reflexionar sobre lo difícil e ingrata que es esta vida que nos toca vivir.
De nuevo volvimos a la Ermita a cantar a la Virgen de La Antigua su nuevo himno, aunque no todos fuimos capaces de entonarlo.
A la salida volvimos a hacer corrillos y tertulias para saber que tal nos va la vida actualmente y esas cosas que se hablan cuando hace tanto tiempo que no ves a alguien; todo ésto ya, bajo los ruidosos y explosivos cohetes, que al mando de Paco Arganda eran lanzados hacia el cielo azul de este caluroso verano Saucano.
Una hora después de haber llegado, nos dispusimos a salir hacia la Plaza Mayor y sentarnos en sus viejos bancos de hormigón a disfrutar de unas refrescantes cervezas con limón, allí recordamos juegos de infancia (zagaleo, altopán, guá, patruelos, cinto corrido, castro, combas, gomas y demás juegos perdidos). Por unos instantes nos hicimos mas jóvenes, nos transformamos en apenas veinteañeros y nos pusimos a recordar las gamberradas que hicimos cuando fuimos quintos allá por 1983: vimos como caían las bolas de la maquina del Saúco, como estallaba la cabina telefónica, como entraba por la ventana del señor Pinto una bomba y estallaba dentro de la casa con el consiguiente susto... En fin las cosas de cualquier quinta, sólo que ésta era muy especial y sólo nosotros sabemos porqué.
A eso de las 10 de la noche enfilamos la calle de la Iglesia, con el consiguiente escándalo, para asistir a la gran cena que el Restaurante Valentino nos tenía reservada. El menú, muy típico: primero entrantes de jamón de bodega, queso del país y pulpo a la gallega, luego a elegir entre chuletón de ternera (grande ande o no ande) o merluza a la gallega, de postre había flan, tarta de queso o helado, con café y licor de hierbas. La comida estuvo regada con vino de Toro. Y entre plato y plato, charla y charla, así pasamos una cena agradable y en buena armonía.
Después de cenar y siempre en el Restaurante Valentino, alguien fue a buscar una guitarra y ésta cayó entre las manos de Manuel Zapatero, que no se le da nada mal esto de tocar, y renaciendo de sus tiempos de guitarrista y cantante en el grupo ZONA, nos hizo la noche mas amena si cabe con canciones de “lo Chunguito”, “lo Chicho” y Alejandro Sanz entre otros muchos. A éste le acompañaban como coro Pablo Hernández y Paco Arganda.
Un rato después y un poco embadurnados de hierbas, decidimos que ya era hora de ir a tomar unas copichuelas y nos fuimos todos juntos al disco-bar la Gramola, allí tomamos una copas y bailamos un rato, dando ambiente a un pueblo sin gente, por la coincidencia de ser fiestas en muchos pueblos de alrededor. Después de ésto nos dispersamos en corros entre la Gramola y Capoteen hasta que el cansancio hizo mella y cada uno se fue a su respectiva casa.
De izquierda a derecha y de abajo a arriba
Toni, Pablo del Valle, Pepe Seguin, Milito Martín, Nieves del Río, Rocío Tola, Reyes, Montse Romero, Maite Cancelo, Carlos Cabezas, Nunci García, Luisa Morales, Inma Escribano, Maite Moriñigo, Pili Justo , Javi Ramos, Alejandro Velasco, Jesús Mangas, Pablo Hdez, Paco Martín, Paco Arganda, José Matías, Manuel Zapatero, José García, Luís Perez y Paco Medina
Faltan más o menos la mitad de la quinta, pero de sus nombre no quiero hacerme eco, no vaya a ser que les parezca mal. Los que no pudieron venir siempre que quieran serán bienvenidos. Los que no quisieron, pues eso, allá ellos con sus prejuicios.
No vimos conveniente contratar la banda de música del maestro Juanes, puesto que en el programa no había pasacalles, pero prometo que si en 80º aniversario de la quinta volvemos a reunirnos, el gran maestro orfebre de la música y de la plata, animará el encuentro con su gran banda musical.
Paco Medina